Hablemos de piñas
17 January, 2010 3 Comments
Y no hablo del cantón cosmopolita, hablo de la fruta:
La piña es una fruta con la que tengo una relación de amor/odio porque me gusta su sabor pero no su textura. Es la misma relación que tengo con las uvas, las moras, frutillas, etc.
Modestia aparte el jugo de piña es mi masterpiece y he tenido a la realeza a mis pies suplicando por más de aquella bebida exuberante. Siempre los dejo ~queriendo más~.
En fin. El año pasado mi madre salió del país 2 veces por un tiempo de 2 meses cada vez y me tocó vérmelas contra la cocina y sus múltiples desafíos. Me fue bien, no soy mala para cocinar y en realidad es algo que disfruto a pesar de que también me canso con facilidad y que lavar los platos es una afrenta que me tomó de manera muy personal.
No me pregunten por qué pero hubo una vez un glorioso domingo de… Octubre o quizá Noviembre en el que sentí la necesidad de comprar comida para la siguiente semana y entre mis frutas adquirí una piña grande. En ese momento no pensé, mi menté estaba nublada o quizá dazzleada ante la posibilidad de hacer jugo de piña y la compré con cáscara.
También existe la posibilidad de que lo haya pensado y me haya dicho “Nah, no puede ser tan difícil pelar una piña, he visto que mi mamá lo hace sin problemas”.
<cuña publicitaria>
Mi mamá tiene una fuerza EXTRAORDINARIA en los brazos. Digna de alabanza, han habido ocasiones en las que yo he exprimido algo y sudado la gota gorda hasta clamar mi victoria para luego ser humillada por mi madre, quien llega y exprime 3 litros más de lo que yo ya consideraba casi seco.
</cuña publicitaria>
Entonces yo me pongo en misión Tiwinza, lista para la guerra, armada hasta los dientes e inicio mi lucha cuerpo a cuerpo con este fruta de la familia de las bromeliáceas que me hace sudar como si estuviera en el sauna de Vital Spa.
Pelar una piña no es cosa de juego, señores. Es una actividad en la que se puede perder la vida o terminar llorando. Yo casi llego al segundo caso, ME DOLIAN LOS BRAZOS. Soy una criatura débil que no hace ejercicio y por lo tanto tiene 0 fuerza así que CASI MUERO EN EL INTENTO. Hubieron momentos en los que miraba al cielo y suplicaba perdón porque nadie se merece ese tipo de dolor. Me dolió casi tanto como el blanqueamiento dental que me hice en Febrero, la luz al final del túnel se encendió otra vez y algo me jalaba hacia ella.
Me demoré y el dolor se extendió demasiado para mi gusto, además de que no pude cortar la parte de arriba y yo sudé como bestia. Ni recuerdo si el jugo me salió bueno o no porque ya no lo hice con gusto sino por orgullo, me reí con maldak cuando lancé los pedazos en la licuadora.
Y nunca más lo volveré hacer. De ahora en adelante, estas son las actividades que quedarán como anecdótas en este blog y NO SE VOLVERAN A REPETIR… a menos de que pierda la memoria o sea víctima de un man tipo “Bear Jew” al que le guste la ver sufrir a otras personas/el jugo de piña.

Estoy empezando sinceramente a pensar que este es el último año de mi gata con nosotros. La Puchitril de 15 años tiene unos bultos misteriosos bajo sus patitas y me da mucha pena verla así, sin tener como hacerla revisar. Además de que no es sociable y odia a los extraños, así que es practicamente imposible que la vea un veterinario.Mi niña, no me imagino como morirá. Estaré yo en la casa? Serán testigos solo mi mamá y La Pollita? Me da tanta pena solo de pensarlo, se me parte el corazoncito ratonil, mi niña, mi amiga. La que duerme conmigo y me llora cuando llego. La gorda, la vaga. Dios mio que voy a hacer sin ella? No debería estar pensando así, pero se me sale lo Trelawney y puedo ver su futuro oscuro como sus patitas. Ya no la tendré para abrazarla ni tendré a quien comprarle arenita, y sus orejitas frias en las mañanas. Mi ropa se verá libre de pelo de gato y las alergias de mi hermana verán ido a su fundador. Pero es mi puchita, la tengo desde que tenía 5. La he perseguido, me ha aruñado. Una vez le corté los bigotes. La hacía ver el Animal Planet conmigo y se sube en todas las camas. Ay, Puchis. No me dejes, que contigo se va mi infancia. Quédate para siempre.