Divagando.

Hace 2 años que dejé sólo el nido, como emigrante latino que deja botada la casa en la que creció. Los 30 ya no están tan lejos y me gustaría decir que he madurado desde que inicié este blog pero no es verdad, amiwis.

Amiwis. Esta palabra de la juventud se me pegó hace algunos años en la oficina cuando la empezamos a usar sarcásticamente y ahora la digo más que el buenos días. La texteo, la grito en espacios públicos. Oh, how the mighty have fallen.

Algunas cosas sí han cambiado. Creo que mi manera de ver ciertas cosas a mi alrededor y también mi autocontrol, que va mejorando. El año pasado fue bastante difícil y este tampoco ha sido sencillo pero prefiero mirar hacia adelante. La veintena de sobrinos que tenía sigue ahí y cada vez están más grandes. Familiares se divorcian, fallecen, amigos que se casan y se mudan. Todo continúa.

Yo también he continuado pero el camino ha sido rocoso. Han habido situaciones inesperadas y personas importantes, importantes que han venido y de igual manera se han ido. De alguna manera todo ha cambiado y todo sigue igual. A mí mamá le diagnosticaron demencia senil así que eso es nuevo y nos estamos acostumbrando. Estamos en algo que es como ver la luz al final del túnel, sino que el túnel realmente está bastante iluminado y es al final que todo está negro y no sabes cuánto túnel realmente te queda.

Me he vuelto más disciplinada en bastantes aspectos y aunque no he vuelto a salir de viaje y me he sumido en la pobreza, creo que logro reirme todos los días. Muy pronto cumpliré 9 años en mi trabajo y por ahora me trato de concentrar en que tengo trabajo y soy afortunada.

Acabo de leer algunos de mis posts viejos (para ubicarme en el tiempo) y puedo confirmar que no he vuelto a pelar una piña y que el francés está aún en mi cerebro, guardado en un cajón que sólo abro para verificar que no ha sido apropiado por zarigueyas (no sé cómo hacer la diéresis en este teclado, DÉJENME VIVIR).

Este año quise ponerme a aprender a dibujar o pintar pero esa meta va tembleque hacia la mitad del año. Puedo decir que por lo menos no estoy tanvacía de talento como creía pero que la disciplina hasta allá no me ha llegado. Culparé a que el paisaje desde mi ventana no es muy acogedor. Sí, la culpa la tiene el Departamento de Urbanismo de esta ciudad. Quién más.

Veamos cómo me va con esto ahora, si la disciplina me llega hasta este campo. Cómo hace la gente eso de tener un trabajo a tiempo completo (sin ser empleador) y aún así tener hobbies y salir y bloguear y estar al día en Twitter e Instagram y ver a su familia y sus amigos? Es que no duermen? Con quién han pactado? Tienen  algún número al que pueda llamar?

Avisen, no sean turros.

Hablemos de piñas

Y no hablo del cantón cosmopolita, hablo de la fruta:

La piña es una fruta con la que tengo una relación de amor/odio porque me gusta su sabor pero no su textura. Es la misma relación que tengo con las uvas, las moras, frutillas, etc.

Modestia aparte el jugo de piña es mi masterpiece y he tenido a la realeza a mis pies suplicando por más de aquella bebida exuberante. Siempre los dejo ~queriendo más~.

En fin. El año pasado mi madre salió del país 2 veces por un tiempo de 2 meses cada vez y me tocó vérmelas contra la cocina y sus múltiples desafíos. Me fue bien, no soy mala para cocinar y en realidad es algo que disfruto a pesar de que también me canso con facilidad y que lavar los platos es una afrenta que me tomó de manera muy personal.

No me pregunten por qué pero hubo una vez un glorioso domingo de… Octubre o quizá Noviembre en el que sentí la necesidad de comprar comida para la siguiente semana y entre mis frutas adquirí una piña grande. En ese momento no pensé, mi menté estaba nublada o quizá dazzleada ante la posibilidad de hacer jugo de piña y la compré con cáscara.

También existe la posibilidad de que lo haya pensado y me haya dicho “Nah, no puede ser tan difícil pelar una piña, he visto que mi mamá lo hace sin problemas”.

<cuña publicitaria>

Mi mamá tiene una fuerza EXTRAORDINARIA en los brazos. Digna de alabanza, han habido ocasiones en las que yo he exprimido algo y sudado la gota gorda hasta clamar mi victoria para luego ser humillada por mi madre, quien llega y exprime 3 litros más de lo que yo ya consideraba casi seco.

</cuña publicitaria>

Entonces yo me pongo en misión Tiwinza, lista para la guerra, armada hasta los dientes e inicio mi lucha cuerpo a cuerpo con este fruta de la familia de las bromeliáceas que me hace sudar como si estuviera en el sauna de Vital Spa.

Pelar una piña no es cosa de juego, señores. Es una actividad en la que se puede perder la vida o terminar llorando. Yo casi llego al segundo caso, ME DOLIAN LOS BRAZOS. Soy una criatura débil que no hace ejercicio y por lo tanto tiene 0 fuerza así que CASI MUERO EN EL INTENTO. Hubieron momentos en los que miraba al cielo y suplicaba perdón porque nadie se merece ese tipo de dolor. Me dolió casi tanto como el blanqueamiento dental que me hice en Febrero, la luz al final del túnel se encendió otra vez y algo me jalaba hacia ella.

Me demoré y el dolor se extendió demasiado para mi gusto, además de que no pude cortar la parte de arriba y yo sudé como bestia. Ni recuerdo si el jugo me salió bueno o no porque ya no lo hice con gusto sino por orgullo, me reí con maldak cuando lancé los pedazos en la licuadora.

Y nunca más lo volveré hacer. De ahora en adelante, estas son las actividades que quedarán como anecdótas en este blog y NO SE VOLVERAN A REPETIR… a menos de que pierda la memoria o sea víctima de un man tipo “Bear Jew” al que le guste la ver sufrir a otras personas/el jugo de piña.